La pintura al temple, también
conocida como témpera, es una técnica de pintura en la que el disolvente del
pigmento es el agua y el aglutinante (también denominado temple o engrosador)
algún tipo de grasa animal, glicerina, huevo, caseína, otras materias orgánicas
o goma.1 Históricamente, la pintura al temple es característica de la Edad
Media europea. Puede considerarse característico de los estilos románico y
gótico en el occidente europeo, y de los iconos bizantinos y ortodoxos, en Europa Oriental.
La pintura al temple es la
técnica pictórica más antigua que se conoce.
Ha sido usada desde la decoración
de sarcófagos del antiguo Egipto. Muchos de los retratos de las momias de El
Fayum están realizados al temple, a veces en combinación con pintura
encáustica. También se han usado técnicas relacionadas en pinturas de la
antigua India y en la India del inicio del medievo en cuevas y en templos
tallados en piedra.2 Se crearon obras de arte de gran calidad con témpera en
las Cuevas Bagh entre los siglos IV-X a. C y el siglo VII d. C. en el
asentamiento rocoso de Ravan Chhaya, Orissa.3 La técnica ya era conocida por el
mundo clásico, donde parece que se desarrolló desde la pintura encáustica y fue
el principal medio usado en pintura de tabla e iluminación de manuscritos en el
mundo bizantino y en el medievo y Renacimiento europeos. Por ejemplo, todas las
pinturas de tabla conservadas de Michelangelo son de temple al huevo.
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Diversos artistas de diversas
épocas se han servido de éste medio para realizar sus obras. Es más común que
el la témpera o guache se utilice como medio para estudios y apuntes de campo,
aunque algunos pintores lo han escogido como medio preferente.
La tempera es además bastante
versátil, rebajándose con agua y permitiendo trabajar tanto a modo de impasto y
a modo de acuarela. La témpera es la técnica perfecta para iniciarse en la
pintura al óleo por su comportamiento similar.



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